Caen gotas grises y gastadas, como si de lágrimas manchadas se tratara. Hoy todo lo veo oscuro, teñido de un añil sombrío, y yo sigo encerrado en mi cárcel de cinco paredes. Con las rodillas rasgadas, sigo arrodillado, suplicando de nuevo a lo alto, que me deje llorar, suplicando al más allá que me de alas para volar.
Agotado por mis pensamientos, asfixiado por los recuerdos, mortificado por el futuro. No puedo escapar de mi prisión. Y estas paredes, estas paredes…juro que se mueven. Cada vez es menor la celda donde permanezco. Habitual soy de ésta prisión, y es que, he cumplido tantas condenas ya, que no recuerdo la primera. Últimamente, se me ocurren más preguntas, y es que tanto tiempo sólo hace indagar en la tierra del pensamiento. Cierto es, que deseo ser libre, pero ¿para qué? Para volver a caer aquí, para salir y ver la poca libertad que en realidad uno tiene, para volver a ver esos seres que no miran, que no escuchan, que no creen… Egoístas, donde los límites de su universo, son su sombrero y la punta de sus zapatos. Donde se mira por encima del hombro, donde te clasifican, por tu apariencia, donde no se ve más allá de lo superficial, donde todo es artificial, en donde todo está enlazado mentira tras mentira, y todos la toman como verdad, por no desafiar al poderoso, por tragarse sus convicciones y principios, por comodidad, por asquerosos.
Reconozco que echo de menos ciertas cosas: una sonrisa, una mirada, un abrazo…son esos detalles los que más extraño. Aquí dentro, mis muros me conocen, ellos me escuchan, pues aunque sea por aburrimiento, no tienen otra cosa que hacer, pero fuera de ellos, ¿Quién me escuchará, quién me sonreirá, quien me abrazará? ¿Quién será capaz de creer en mi existencia? ¿Quién será capaz de quererme? He pasado tanto tiempo en estos muros, he pasado tanto dolor, tanta soledad… ¿que tengo yo para dar? Nadie quiere rodearse de soledad, de tristeza, de pesimismo… mi conocimiento es limitado, no tengo nada que enseñar, y sí, mucho que aprender, sé que seré rechazado, conozco mi destino, y por ello cuando me valla, les diré a mis muros, mis oyentes: hasta pronto.
Despedida y cierre
Hace 16 años
1 comentario:
¿Sirve una cibersonrisa?, ¿Un ciberabrazo?...
Eres alguien especial así que nada de dejarte abrazar solo por esos muros que son a la vez prisión... Sal a la calle, nunca sabemos lo que realmente nos espera fuera y seria una pena perdernoslo por pereza.
Besos
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