Aquel día, aquel día... como hecho de menos aquel día... como hecho de menos...Serían las cuatro de la tarde, en esas horas cuando después de una buena comida siempre te entra el sueño. Cuando no tengo clase por la tarde, suelo dejarme caer en cama, e imaginarme que poco después estaré durmiendo, soñando contigo. Pero pocos días son los que no tengo clase por la tarde, y pocos son los días en que consigo soñar contigo.
Pero ese día justo cuando me habia quedado dormido, un compañero de mi piso me dijo que llamaron a la puerta que era una chica que preguntaba por mí. Yo salí a la puerta y allí estabas. No fui capaz de hablar, de repente todas las palabras que podría y querría decirte se enredaron en mis labios, haciendo una telaraña tan perfecta entre ellas, que ni una sola salió de ellos. Seguía mirando tus ojos, esos preciosos ojos que tanto me gustan. Y entonces esos ojos me sonrieron, sé que me sonrieron... en esa sonrisa delataban que se habían dado cuenta de que yo había enmudecido, y también mostraban que justo esa, era la reacción que habían estado esperando. En el momento en que me lo hicieron saber, ella entró en el piso sin decirme nada. Fue directamente hacia mi habitación. Paso primero y espero en la puerta a que yo pasara, simplemente obedecí, pasé y me sente en mi silla. Ella se dió la vuelta, y cerró la puerta, y con pestillo. Recuerdo perfectamente ese sonido, tan claro en mi mente como si fuese ella misma la que lo reprodujese haciéndolo tal cuál yo quería.
Te volviste a girar y me miraste, esta vez tus ojos eran más dificiles de leer. Aún seguía mudo, por la primera sensación y además por la nueva sensación de sorpresa e ilusión que se apoderó de mi. Te sacaste la chaqueta, la cuál cayó al suelo, no te importó, te acercaste hacia mí, me cogiste de la mano, me levantaste y me llevaste hacia la cama. Después de sentarme, también lo hiciste tu. Nunca olvidaré esa mirada, esa mirada que lo dijo todo.
A partir de ese momento, nuestros gestos y actos fueron el lenguaje de toda esa tarde, de toda esa noche... acercaste tus labios a los míos, pero sin llegar a tocarlos, y entonces giraron y me besaron la barba, subieron, bajaron, acariciaron mis orejas, mi cuello... mi boca se humedecía esperando el momento, y entonces llegó, y tus labios tocaron los míos. Tenía ganas de morderlos, de retenerlos allí para siempre... y nuestros labios empezaron a jugar como nunca, traviesos y a la vez románticos, ansiosos y salvajes a intervalos perfectos... y a estos juegos se unieron otros jugadores. A veces cambiaban de deporte, así pues nuestra equipación deportiva se fue reduciendo... nadie al desnudarme había producido en mi esa nueva sensación de excitación, nunca había sido un juego tan bonito quitarnos la ropa. Pero ese día me desnudaste más veces, porque los ojos con los que me mirabas me desnudaron una y otra vez, pues mi cuerpo no podía resistirse a ti. Cuando yo intenté sacarte la camiseta, tus manos me detuvieron, y las tuyas ocuparon las mías. Poco a poco, de nuevo jugando y con algunas travesuras de por medio, te fuiste quitando la ropa, diciéndome que tu cuerpo deseaba el mío. Eras preciosa, eras... perfecta.
La final había llegado, ambos equipos estaban preparados y deseando empezar el partido, marcar todos los puntos posibles, hacer todas las jugadas, probar todas las tácticas, y no rendirse hasta el último segundo. Fue perfecto.
Sabéis cuando tenéis una sensación increible de lo bien que lo pasastéis un día, o lo bueno que fue un libro para vosotros... esas sensaciones que te llenan de felicidad cuando recuerdas dichos momentos pero a la vez de primeras, no recuerdas los detalles y las acciones de estos, cuando al principio simplemente recuerdas sensaciones. Pues así me siento ahora.
Intentando recordar aquel momento, aquel día... aquellos detalles, aquellas acciones... conformándome con sentir esa sensación de vez en cuando... pero cada vez me cuesta más recordarla... como la hecho de menos.... como hecho de menos.... como hecho de menos ese sueño, ese sueño que nunca he vuelto a soñar. Como hecho de menos aquel día, aquel día en que no tuve clase por la tarde y pude dormir, y soñar contigo.
Despedida y cierre
Hace 16 años