lunes, 4 de mayo de 2009

Luces y destellos.

Que rápido pasan a veces las cosas. Vamos en un bus, mirándolo todo desde nuestro confortable asiento, viendo las luces, las formas de la gente, de los coches adelantarnos... todo a través de esas grandes ventanas de cristal, sin percatarnos a penas de los cambios que suceden fuera.

Llega un momento, que vamos tan ensimismados en nuestros pensamientos, en nuestras preocupaciones, en nuestros problemas, en lo que no hemos conseguido hoy, que cuando nos damos cuenta, ya hemos llegado a nuestra parada.

Si alguien nos preguntase por qué calles hemos ido, o cuantos semáforos hemos pasado... quién se ha sentado a nuestro lado, o enfrente, probablemente no sepamos responder. Qué pena digo yo.

Nos hemos perdido un viaje, que pudo haber sido interesante, divertido, incluso productivo, tranquilizante, y quién sabe si hasta placentero, por recordar los "malos tragos" de nuestro día, o cualquier otra tontería.

A veces odio no aprovechar esos viajes... y lo que no odio, sino más miedo me da, es no aprovechar ese viaje, ese gran viaje que es la vida.

Porque quizás, la persona que se ha sentado enfrente, puede ser la que le de sentido a tu viaje, e incluso, la que te acompañe hasta la última parada.

1 comentario:

Etèria dijo...

Que no te de miedo perderte el gran viaje de la vida ya que en tu caso nunca será así. Hay ciertos momentos en que sin duda nos despistamos un poquito de lo que sucede en nuestro entorno, pero son tan pocos los segundos que a penas nadie podría darse cuenta y es que la vida esta ahí para no perdernos nada.

Besos

P.D.: Me alegra :-)